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Arquitectura barranquillera: memoria cultural amenazada por el desarrollo urbanístico

 

Justo cuando se convierte en la puerta de oro de Colombia y antes de ser considerada la casa de la selección, ciudad pionera en la aviación y  la radio, e incluso cuna de figuras internacionales sobresalientes en la música, el deporte y la actuación; Barranquilla ya se destacaba dentro del país gracias a una huella histórica que no solo la distinguía de las ciudades de la región, sino también la hacía relucir entre los países vecinos: su arquitectura.

Atrás, a principios del siglo XX, la capital del Atlántico apenas adquiría características de una ciudad, los primeros andenes de barrios como El Prado y Bellavista se construían bajo las influencias de inmigrantes de Norteamérica, Europa, Medio Oriente y Asia. Estos personajes, quienes arribaron al puerto más importante de la nación de esa época, serían los responsables de  traer  consigo estilos arquitectónicos que junto a las costumbres de la región darían fruto a el arte neoclásico, el republicano, el art deco y árabe, en donde destacan edificaciones como el ahora restaurado edificio de la Aduana, el emblemático hotel El Prado, el edificio García y  el Colegio Colombo-Árabe.

Pero a partir de los años cuarenta ocurre un quiebre que cambiaría el rumbo de la arquitectura barranquillera; surge el movimiento moderno, característico por liberar a las fachadas de aquellos ornamentos que tanto diferenciaban a la ciudad. Se da inicio a un estilo racionalista que guiado por la economía tomó fuerza en las calles  y dio fruto al ambiente que ahora se conserva: edificaciones comerciales y residenciales en las que se apuesta más a la seguridad y a la sencillez, por las cuales un gran número de instalaciones antiguas fueron derrumbadas. Ejemplo de estas el edificio Miss Universo.

Luego de esta alteración, Barranquilla ha despegado en el área inmobiliaria, según la Cámara Regional de la Construcción del Caribe -Camacol-, se estima que en lo que llevamos del 2015 aproximadamente 162.781 metros cuadrados fueron licenciados en la ciudad para la construcción, con lo cual se alcanza un crecimiento del 99%  frente al año pasado, generando un avance indudable en la economía Barranquillera. Si bien no es un secreto que “La Arenosa” está apostando a nuevas construcciones y cambios en su infraestructura, vale la pena considerar si estos nuevos reconocimientos le generan una identidad al núcleo urbano de la manera en que aquellas manifestaciones artísticas que destacaron.

Para algunos barranquilleros parte de su cultura ha sido demolida al igual que las edificaciones a las que el desarrollo de la ciudad ha modificado por nuevas cimentaciones. Tal es el caso de Harold Bonilla, quien considera que aun cuando se han anunciado intervenciones como la ley general de cultura 1185 de 2008, creada para la protección  y conservación de bienes de interés cultural, y el Plan Especial de Manejo y Protección -Pemp- pensado para garantizar la protección y sostenibilidad de la arquitectura considerada patrimonio; se pueden evidenciar descuidos y abandonos en los sectores culturales más significativos de la ciudad.

Bonilla lidera una iniciativa vía Facebook llamada La Banca de Atrás en la que, junto a más de 13.500 personas, promueve el recuerdo del rostro de la ciudad que como él explica, se está desvaneciendo. Como taxista y recolector de antigüedades considera que “se están viendo construcciones pero no soluciones al entorno y a los valores de la ciudad, parece que solo El Prado fuera patrimonio y todos los barrios del suroccidente estuvieran olvidados”. El taxista destaca que la reconstrucción de edificaciones del centro como restaurantes y teatros es válida para sus preocupaciones, pero considera que gran parte de la identidad de Barranquilla se está ausentando por el deterioro y constantes demoliciones.

De acuerdo a la Secretaría de Cultura en el momento hay identificados y declarados 2.275 bienes de interés cultural, dentro de los cuales los sectores Prado, Alto Prado, Bellavista y el Centro Histórico, son las áreas protegidas por parte del Distrito de Barranquilla. Sin embargo, persiste la preocupación acerca del destino de aquellas construcciones que no hacen parte de estas localidades.

Por otro lado, para el arquitecto Iván Rebolledo la denuncia de pérdida de identidad arquitectónica no se da únicamente por las nuevas construcciones, para él “sin duda alguna ahora encontramos estilos contemporáneos  e internacionales que han cambiado la imagen de la ciudad, pero el verdadero aspecto negativo es el deterioro que sufren nuestras edificaciones antiguas, tanto por el descuido de los cuidados y de los gobernantes”. Según el arquitecto, se debería considerar también construcciones que no solo rescaten el espíritu barranquillero, pero que también velen por ser amigables con el medio ambiente.

“Definitivamente- comenta el arquitecto- de aquella Barranquilla del siglo XX quedan pocos rastros, vivimos en un contexto en el que la economía se solidifica como base para nuestro desarrollo ciudadano  y aquellas costumbres y manifestaciones pasadas no simpatizan del todo con los nuevos modelos de desarrollo en los que se están invirtiendo”. Tanto Bonilla como Rebolledo no dejan de contemplar posibilidades en las que el patrimonio, el desarrollo económico, social y cultural desemboquen en una misma ciudad. “Por ahora, esa Arenosa presente en el imaginario de ciertos ciudadanos se desvanecerá para dar lugar a un espacio con nuevos elementos culturales” comentó Harold Bonilla.


Angie Cabrera

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