Por Yassir R. Jaime Jaraba
El coronavirus sigue avanzando, pero nosotros no paramos de respirar. Mientras pasa el confinamiento, las ojeras, la ansiedad y el cabello siguen creciendo. La importancia de la apariencia física pasa a un segundo plano sobre todo cuando tus esfuerzos se concentran en la búsqueda de una posible forma de mitigar un virus tan extraño como el COVID-19.
Son las 3 de la madrugada y el trabajo, cada vez más intenso, no parece terminar. En la habitación hay una cama amplia y cómoda, una hamaca y la mesa, el computador y la silla. Todo el espacio, con su baño, no mide más de 35 metros cuadrados. Hay papeles regados por todos lados, tres balones de rugby y en el vidrio de la ventana, entreabierta, se ven frases escritas en el vidrio. A pesar de la oscuridad, un hombre va de un lado a otro leyendo instrucciones escritas en varios papeles y haciendo anotaciones en un pequeño cuaderno. De fondo se escucha Iron Man de Black Sabbath, solo interrumpida por una corta conversación
- Ya es tarde, Boris, ¿cómo va la investigación?
- Poco a poco, seguiré trabajando hasta que el sueño me gane.
- Bueno, intenta descansar…mira la hora
En la hamaca, Boris Dousdebes recibe el alba. Se han regado las hojas por el piso de madera y se cierran definitivamente los ojos. La investigación debe terminar hoy. Los días tienen 24 horas así las noches parezcan polares. El día será soleado.
Así transcurre la vida de Boris, diseñador industrial, desde aquella llamada de Javier que lo despertó.
- ¡Hey! Bo, necesito un dos tuyo.
- Háblateee.
- Necesito tu conocimiento en diseño y fabricación digital.
- Moral, ¿y esa vaina?
- Una convocatoria de MINCiencias, proyectos que ayuden a buscar soluciones para el covid-19
- ¡Joa! Excelente todo sea para ayudar ¡Va pa esa!
Javier Sanjuan, el “profe” para los amigos, un erudito de la academia, ingeniero mecánico, amante a la lectura, del rugby y la filantropía, es un viejo amigo de Boris y compañero de batalla a la hora de vestir la camiseta de su amado club, Vikingos. Sanjuan está viviendo actualmente en Milwaukee, en Estados Unidos, y hace parte de un proyecto que busca ayudar a pacientes con Infecciones Respiratorias Agudas (IRA).
Gracias a la llegada temprana de las vacaciones, debido a las medidas de contingencia creadas a raíz del Coronavirus, Boris vio factible concentrar su atención en un proyecto como este. Además, participar en esta investigación le daba a Boris una manera de poder contribuir con una posible solución a la problemática actual. Así es como comenzó esta historia, de esperanza, respiración y aire puro en medio de la pandemia.
La rutina cambió. Ahora tocaba despertar a la par de los primeros rayos del sol, llegar a la cocina, tener que oír el ruido de un viejo radio de fondo en el que su padre escucha las noticias: “La cifra de contagios sigue subiendo en la ciudad, se anuncian medidas para que el brote no siga expandiéndose por todo el departamento”. Antes de sentarse a trabajar, muy temprano, le sirve comida a “Mono” -su perro-, llena la cafetera y prepara un poco del elixir que lo mantendrá despierto todo el día.
Y luego, postrarse -como el pensador de Rodin- incontables horas frente al computador leyendo o probando diseños. Rebuscar ideas para encaminar el diseño de un prototipo para el proyecto.
Pasan uno, dos, tres y hasta diez días en los que la rutina solo cambia con el menú del almuerzo. Excepto los sábados, pues ese día, en casa de Boris, es ley inamovible el ramen a la hora de comer.
- Ajá, hijo, ¿cómo va el invento ese?
- Ahí, dándole, creo que el profe tiene una buena idea. Estamos hablando para presentarla… y ver qué tal.
- Quién lo diría, el rugby juntó a los dos da Vinci del siglo XXI.
- Todos en la mesa ríen.
Luego de leer sobre sistemas respiratorios y las herramientas utilizada en los tratamientos de las Infecciones Respiratorias Agudas, Javier presente tendría la idea que finalmente encaminará este proyecto: Un ventilador que, con una bolsa de aire, envíe oxígeno a los pulmones.
A partir de esa idea los días de Boris sonaban al ritmo de Welcome To The Jungle, Eye Of The Tiger o Back in Black y pasaban de papers a reuniones, de reuniones al AutoCAD y de este al todopoderoso Google. Se repetía el ciclo; como si fuese rugby choco, limpio, saco, deporte al que le dedica tardes y noches hace nueve años.
El equipo
Ahora se tenía que buscar y reunir a un grupo de personas excepcionales y tratar de convertirlas en algo más.
Cuando el diseño del prototipo estuvo listo, nuestra decisión fue crear un equipo contando con ingenieros mecánicos como Estefani y Pedro, doctores en biomedicina; estudiantes de ingeniería de sistemas y de diseño industrial.
Ahora solo faltaba un lugar donde llevar a cabo el proceso de creación de prototipos y la segunda fase de la investigación.
En un departamento en el centro de Barranquilla (semejante a Fortress of Solitude de Superman) le permite al grupo aislarse, para trabajar como equipo y para prevenir una exposición al virus en una ciudad donde el número de casos positivos iba ya aumentando.
Como en cualquier trabajo de investigación la prueba-error se volvió el pan de cada día. Vaya circunstancias a las que se enfrentaban: Justo para este momento, Vikingos se quedaba sin entrenador, por lo que Boris asumiría las riendas de los entrenamientos del club. Era inevitable otra rutina. De ahí que la rutina volviera a cambiar.
Levantarse y ver la salida del sol, meditar un par de minutos, bañarse, estirar el cuerpo e ir puerta por puerta despertando a los compañeros, llegar a la cocina y dividirse el trabajo y los alimentos: unos al café, otros a los patacones, otros a los huevos y otro equipo al emplatado, para después sentarse y estar como familia, con la playlist Rock Classic de Spotify sonando continuamente. Al final de la tarde, tienen tiempo de recreación, revisar redes, mamar gallo. En muchas ocasiones Boris les enseñaba las bases del rugby (cómo pasar el balón, qué era un tackle), todo con tal de desconectarlos. Antes de la medianoche, nuevamente es la cocina el punto de encuentro para comer y planificar las actividades del día siguiente.
Luego de las primeras semanas viviendo juntos, se cumple una meta: finalizar un modelo mecánico, con el cual se realizaron las primeras pruebas de funcionalidad que sirvieron como pauta para encaminar la creación del HopeBreath, un ventilador de diseño In House (que puedes fabricar tú mismo) para pacientes que presenten un cuadro clínico leve o grave de alguna enfermedad respiratoria. En el fondo la idea es: ofrecer la atención oportuna.
A pesar de haber tenido percances con los sensores utilizados, hubo celebración: un par de cervezas alzadas al brindis y Believer, de Imagine Dragons musicalizando el momento. Más tarde ese día Boris se sentaría a hablar con Javier sobre lo que se venía y para concretar aún más la propuesta.
- Papi, la vaina va viento en popa, firme como el flan de coco.
- Joa, ¡firme Bo! ya tienen que ajustar lo de los sensores o mandar a pedir antes que se cierren las vías aéreas y comenzar a pensar en la presentación del ventilador.
- Sisas, me preocupa lo de los sensores pero siempre pa’ adelante.
- Aro, esa es la actitud como en la cancha y en la vida siempre: pa’ adelante.
Llegó el día de la presentación del respirador ante MINCiencias. En el ambiente se siente la tensión, hay caras ansiosas en el grupo, cosquilleo por el cuerpo, bocas temblorosas, sudor cayendo por las frentes y hasta uñas comidas. El elegido para hablar, el más calmado, Boris.
Justo en el fondo en el computador se escucha “los siguientes son HopeBreath”. Boris traga en seco y se lleva sus manos a la boca, respira profundo, se levanta y dice “Vamos Carajo”.
- Buenas tardes, mi nombre es Boris Dousdebes y el día de hoy les voy a presentar el HopeBreath. Se trata de un ventilador de fácil uso y circuito sencillo, mediante el cual un sistema de motor activa el movimiento de un pulsador que comprime una bolsa de aire para enviar oxígeno y una mezcla de otros gases a los pulmones.
Con decisión quita la tela, y aparece una estructura perfecta, sólida, hermosa, que genera sonrisas en el equipo de trabajo.
- El ventilador se conecta a corriente, y se programa según peso y estatura del paciente, para que el sistema arroje el parámetro de volumen, es decir, la cantidad de gas que necesita el paciente.
Hay reacciones positivas y sonrisas entre los jurados mientras anotaban datos en unas hojas, al mismo tiempo que aumentan generan tensión en el equipo.
- Como bien sabrán, dice Boris, es un concepto sencillo pero difícil de trabajar, por los parámetros que se necesita y las medidas… muy pequeñas y exactas. Un centímetro más o menos puede significar complicaciones o incluso la muerte. Por lo cual nuestra propuesta tiene la capacidad de responder a cambios o estímulos del paciente y obedece a un sistema que calibra los parámetros de tal forma que la vida del paciente no corra peligro.
Silencio general
- Y no paramos aquí. Todos sabemos la importancia del tiempo en la salud y para nosotros cada minuto cuenta. Lo más innovador de nuestro proyecto es la posibilidad de monitorear de manera remota el estado del paciente y que, a través de un software de gestión y asistencia médica, para cualquier especialista es factible observar el estado del paciente en tiempo real. Esto permite dar las recomendaciones para garantizar una mejor evolución, sin que se encuentre en la misma habitación.
En ese momento, uno de los asistentes oficiales se para y pregunta: ¿Qué los frena?
- Bueno, actualmente hay carencia de los sensores con los que trabaja el equipo a nivel nacional y crearlos nosotros tomaría mucho tiempo y dinero; aun así no es necesariamente una razón para abandonar la misión. El apoyo económico por parte de la academia se ha quedado corto, pero igual no nos ha importado sacar dinero de nuestro bolsillo para llegar hasta aquí. Les diría, habla Boris, que lo más difícil fue aprender nuevas cosas sobre la marcha pero nunca fue un obstáculo.
Los jurados aplauden y agradecen. Dicen que el trabajo es muy bueno.
Inmediatamente se desata la euforia del grupo, que salta, se abraza, y hasta reparte un par de besos.
Así comienza el tercer tiempo: con unas cuantas cervezas, aguardiente y un buen asado, mientras comienza a sonar We Are The Champions de Queen.
¿Futuro? Aún incierto… para un grupo de amigos que están haciendo todo lo que pueden para favorecer al mundo.