Por: Said Herrera Fernández
«Dormir es la criatura más inocente que existe y un hombre sin dormir el más culpable». Franz Kafka.
Las noches se vuelven largas y en sus sueños no encuentra salida. En los años 50, Nathaniel Kleitman (fisiólogo) y sus colegas explicaron episodios durante el sueño que se acompañaban de una alta actividad cortical y actividad de alta frecuencia/baja amplitud en encefalograma (EEG), es decir, mayor ritmo cardiaco, alta actividad respiratoria, y movimientos oculares rápidos. Llamaron a estos episodios, sueño de movimiento ocular rápido (REM). Durante esta fase soñamos y el cerebro gasta las mismas energías que cuando estamos despiertos. Para Alfred Tennyson verdad son los sueños mientras duran, pero, ¿qué es vivir sino soñar?
Dos semanas después del inicio de la cuarentena en Medellín, Mariana (20 años) tiene crisis de ansiedad por la situación, dura varias horas llorando, siente su habitación más angosta y le falta el aire. Se ve al espejo y sus grandes ojeras reflejan las pesadillas y los sueños desenfrenados que tiene durante varios días.
Son las 3:00 a.m. y Ramón, el papá de Mariana, se despierta luego de escuchar un fuerte grito que proviene desde la habitación de Mariana donde piden ayuda. Él se acerca a la habitación y la encuentra gritando mientras sigue dormida, no la despierta por el temor que empeoré.
Según Kramer, psiquiatra y médico del sueño, hay cierta evidencia empírica que apoya los efectos reguladores que el soñar tiene sobre el estado de ánimo y que también muestran una asociación longitudinal, es decir, una relación entre el contenido emocional de los sueños y el estado de ánimo.
El terror nocturno se produce al principio del período de sueño, en general, después de dos horas de haberse quedado dormido. Consiste en despertar aterrorizado con un grito, acompañado de sudor, movimientos corporales y en algunas ocasiones, sonambulismo.
Mariana despierta a las 9:30 a.m. La ventana de su cuarto está abierta y por el viento la cortina se mueve, aun así Mariana está muy sudada. Se sienta en la cama, se lleva las manos a la cabeza como asimilando lo que soñó y se siente abrumada. Estira su brazo hacia la mesa de noche que está al lado de su cama y agarra su celular para contarle el sueño a su mejor amiga por notas de voz:
-Soñé que estaba en el conjunto donde vivía en Riohacha. En la esquina de mi casa había una rampa muy grande y salían personas pequeñas que se parecían a mí y querían matarme. Me decían que querían entrar a la rampa (mi conciencia) para hacerme más daño. Me tiraban puyas que caían en mi pecho y dolían horrible.
Hartmann constató en sus investigaciones que hay que tener muy presente que una pesadilla es un sueño, tiene una duración entre cinco a treinta minutos; la persona despierta, a veces de manera más brusca que lo habitual, y recuerda un largo sueño, con muchos detalles y en el que hay elementos de terror.
«La noche ha traído a quienes duermen, solo sueños que no pueden mantener». Enya.
La mente juega con nosotros, al estar expuestos la mayoría de nuestro tiempo a la preocupación por nuestra salud y la del mundo, por el estrés y el cambio de rutina. La mente busca la forma de adaptarse a la situación y hace una simulación mediante los sueños con aquellos momentos más difíciles de enfrentar para nosotros.
Como es el caso de Daniela, de 20 años, residente en Bogotá desde hace 3 años por sus estudios universitarios.
Un mes antes que el gobierno anunciará la cuarentena, 23 de febrero, Daniela se dirige a la casa de Sofía, su mejor amiga, que queda a unas cuantas cuadras de su casa. Llega dos horas antes que empiece la fiesta por el cumpleaños de Sofía. Empiezan a cambiarse mientras bailan y cantan. Alrededor de las 9:45 p.m. llegan sus amigos Julio, Alejandra, Camilo y Natalia con varias botellas de Whisky, suben el volumen al equipo de sonido cuando suena la canción “Por Dios que sí” y empiezan a tomar. Daniela, horas más tarde, se siente muy mal, ya está muy embriagada y decide volver sola a su casa a las 2:15 a.m. sin avisarle a sus amigos. Baja como puede del edificio y se sienta en el andén, decide pedir un InDriver pero se da cuenta que su celular está apagado, así que decide esperar que pase un taxi. Después de esperar casi 10 minutos, pasa un taxi que se acerca a ella y el conductor le pregunta que a donde va. Daniela se sube y da su dirección, mientras va en el taxi se da cuenta que el conductor está tomando un camino distinto para llegar a su apartamento. Minutos más tarde el conductor va hacia la salida de la ciudad, ella abre la puerta del auto mientras este va en movimiento y se tira, cae en un césped, se levanta y se limpia el pantalón. El conductor del taxi frena bruscamente y le grita unas cuantas palabras que ella no logra entender, cierra la puerta y arranca velozmente. Daniela asustada por lo que acaba de suceder dura una hora caminando por las calles solas desconocidas hasta que encuentra una estación de taxi y se va en otro.
Un mes después de lo ocurrido, la vida a Daniela sigue enfrentándola a tristes y traumáticas. Un día antes del inicio de la cuarentena, Daniela está buscando pasajes por tierra y aire pero los precios están súper altos y sus padres le dicen que no va a ser posible que regrese a Riohacha. Cuando le dan la noticia se resigna, pero se le olvida preguntarle a su mejor amiga si puede quedarse en su casa. Al siguiente día ya está la medida implementada y ella está sola en su apartamento. Aun así sus sueños siguen siendo su mejor aliado para buscar tranquilidad y paz.
Es cierto decir que los sueños varían a nivel individual. Los seres humanos mientras dormimos pasamos por diferentes fases que corresponden a distintos estados de conciencia. Sigmund Freud, neurólogo y padre del psicoanálisis en su libro “La interpretación de los sueños” postuló que durante el sueño, nuestra mente racional, (el ego), se relaja, aflorando a la superficie los instintos (el id). Sin embargo si nuestros deseos ocultos o los impulsos se tornan demasiado explícitos, despertamos. Entonces, surge la hipótesis de que los sueños venían codificados a través de símbolos.
En los experimentos realizados en el laboratorio de Kleitman, los despertares precedidos de una fase REM (sueño de movimiento ocular rápido) resultan ser sueños más vívidos, emocionales y extravagantes con un recuerdo más prolongado del sueño. Como consecuencia a las alteraciones de nuestra rutina de vida, de alimentación y actividades diarias puede ocurrir más de una activación de neurotransmisores, en otros términos es que pueden ocurrir sueños más intensos.
Los primeros días de aislamiento transcurren con normalidad en la vida de Daniela; se programa para sus clases virtuales, se repite su serie favorita, The Vampire Diaries y empieza a leer The Notebook de Nicholas Sparks. El quinto día empieza a despertarse sin ánimos, triste, llora por la soledad y el estrés. Siguen pasando los días y lo que sueña se convierte en su peor enemigo por el día y más aún por la noche. Sus sueños son los reflejos de sus problemas y lo que está sintiendo respecto a ellos.
Ernest Hartmann pasó años como investigador científico y psicoanalista trabajando con personas traumatizadas y descubrió que las personas que han sufrido un trauma no suelen soñar mucho con el hecho en sí o como se sintieron después. Sin embargo en algunas ocasiones, el individuo puede soñar con el hecho. Pero, los personajes, el lugar y los detalles suelen ser diferentes. Después de un tiempo, estas mismas personas pueden soñar con eventos traumáticos.
Todos los días se despierta a las 2:15 a.m. por los sueños que la torturan mientras duerme. Sueña que está en el taxi y al tirarse se muere. Sueña que entran a su apartamento a robar y la violan. Sueña que cuando llega a la estación de taxi el mismo conductor la está esperando. Despertar a esa hora ya se convierte en ritual para ella, se levanta de su cama estresada de pasar todos los días por lo mismo, se dirige a la cocina casi arrastrando los pies envuelta en una sabana y se prepara un té de manzanilla que la ayuda a relajarse, mientras espera a que se enfríe un poco. Regresa a su cuarto y agarra su celular en el que busca la aplicación de la biblia y lee el mismo salmo que le recomendó su mamá días atrás y que dice: “Cuando me acuesto, me duermo enseguida, porque sólo tú, mi Dios, me das tranquilidad.” Salmo 4:8.
Hartmann en las pesadillas de personas traumatizadas descubrió que tenían ciertas características: había un fuerte sentimiento, a menudo expresado en metáforas. Y allí encontró entrelazados recuerdos del pasado.
“El sueño es la cadena de oro que une la salud y nuestros cuerpos” Thomas Dekke.
Según Perrine Ruby, investigador del Centro de Investigación en Neurociencias de Lyon, los sueños pandémicos podrían ser uno de los mecanismos que usa el cerebro dormido para inducir la regulación emocional. Los sueños pandémicos generan un torbellino de emociones negativas que los distingue de los sueños normales.
Lo anterior se ve reflejado en la situación de Xilena, que hace cuatro meses vive en Arizona, Estados Unidos; es niñera de tres niños y dio positivo a covid-19 por tercera vez.
Xilena lleva seis semanas de aislamiento por el covid-19. La primera semana le toca realizarse la primera prueba y el resultado es positivo. Toma todo con calma porque ya se lo esperaba debido a que todas las personas que viven con ella habían sido diagnosticadas. Inicia su aislamiento con la mejor actitud, lo primero que hace al despertar es orar, habla con sus familiares de Colombia mientras desayuna. Entra a bañarse, sale del baño y se va a su cama donde dura varias horas acostada, se levanta, se cambia y baila.
Xilena siempre está haciendo cosas para no aumentar su estrés y ansiedad. Su día se basa en ejercitarse, leer y ver series, tiene una rutina de sueño de siete horas, se duerme a las 10:00 p.m. y se despierta a las 5:00 a.m. a hacer lo mismo todos los días.
En la cuarta semana va otra vez a realizarse la tercera prueba y da positivo, la incertidumbre y miedo por su salud aumentan a pesar de ser asintomática. Presenta cambios en su rutina del día, solo consiste en estar acostada o dormir. Pero este último no ha sido de gran ayuda.
Ahora se le hace difícil conciliar el sueño durante las noches, se duerme en la madrugada y se despierta al medio día. Dos días después de realizarse la prueba está en la clínica por presentar algunos síntomas relacionados con el virus como dificultad para respirar y dolor en el pecho. Dura 24 horas internada mientras le hacen exámenes. Al no seguir presentando los dolores en mayor nivel, le dan de alta y debe seguir el aislamiento en casa. Al llegar a su casa, se quita los zapatos en la entrada y entra en medias hacia su habitación. Se lava las manos, se quita toda la ropa y la echa en una bolsa. Desde ese día tiene una nevera dentro de su habitación donde tiene agua, mecatos y frutas. La comida la ponen en la puerta en platos desechables y son las únicas veces que abre la puerta porque no sale para nada de su habitación.
Para la psicoanalista Fiorella Litvinoff, los sueños tienen un sentido para el soñante, en ellos se expresan y elaboran los miedos y traumas; hoy uno de los miedos preponderantes que traspasan a la mayoría de las subjetividades es el miedo al coronavirus. El miedo que estuvo afectando a Xilena es la vulnerabilidad de su salud.
Los sueños que ha tenido Xilena se relacionan con su vida antes del aislamiento, con los niños que cuida. En uno de sus sueños se encuentran en el cuarto donde está pasando el aislamiento, ella está jugando charadas con los niños, entra la mamá de los pequeños al cuarto y les pide a los niños que salgan del cuarto, que debe hablar un tema serio con Xilena. La conversación de ambas inicia por parte de la madre de los niños:
-Xilena lo mejor es que recojas tus cosas, buscamos una persona con más experiencia en el cuidado de los niños y ya no te necesitamos.
Xilena queda consternada sin saber qué hacer ni decir, puesto que no está en su país y por la situación no puede volver a él. Se levanta del piso en silencio y busca su maleta.
Termina de recoger sus cosas y cuando va saliendo de la casa, su sueño se acaba y se despierta consternada, piensa que lo que ha soñado es una realidad. El sueño se siente muy vivido y consiguiente a esto no puede dormir más. Se levanta a buscar agua, intenta ir a la cama pero se siente fastidiada al acostarse. Se levanta y se sienta cerca a la ventana del cuarto a esperar que amanezca.
Freud decía que los sueños son el camino hacia el inconsciente, pero el camino de Xilena la conduce hacia la angustia emocional reflejada en su rutina de sueño y lo que sueña.
«El mejor puente entre la desesperación y la esperanza es una buena noche de sueño». E. Joseph Cossman.
Los sueños desenfrenados y los terrores nocturnos ya hacen parte del “nuevo” estilo de vida de Mariana, Daniela y Xilena, por el aislamiento.
Para Mariana no es un día más de estar encerrada, es un día más para enfrentar su ansiedad y convivir con sus pesadillas. Para Daniela no es un día más de pasar el aislamiento sola, es un día más despertando en la madrugada soñando con eventos relacionados a lo ocurrido con el taxista, y para Xilena no es un día más con covid-19, es un día más para preocuparse por su salud y dañar su rutina de sueño y cotidianidad. Es cierto entonces que ¿un ser humano sin dormir es más culpable?