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Tomado de: Getty images

Por: Emanuel Calderon

A menos de un mes del Mundial, la selección Colombia llega sin consolidar un nivel sostenido de juego. Aunque ha tenido actuaciones relevantes, como su recorrido hasta la final de la Copa América 2024 y la campaña de 2014, el equipo todavía no consigue traducir esos momentos en una presencia constante entre las selecciones que pelean por títulos.

La falta de títulos en la selección Colombia responde a una combinación de antecedentes históricos y límites estructurales. Su recorrido en competencias internacionales ha sido intermitente desde su primera participación mundialista, en 1962, y su mejor resultado sigue siendo los cuartos de final alcanzados en Brasil 2014. Datos oficiales de la FIFA muestran que Colombia solo ha disputado siete Copas del Mundo a lo largo de su historia y estuvo ausente en cuatro de los últimos seis torneos mundialistas.

Seleccion Colombia 1962 Tomado de: El Tiempo

Aunque en la última década el equipo ha mostrado una evolución en su nivel competitivo, todavía compite con desventaja frente a las principales potencias sudamericanas. Selecciones como Argentina, Brasil y Uruguay acumulan más de un siglo de participación continua en torneos internacionales, lo que les ha permitido consolidar modelos de juego, profundidad en sus plantillas y una cultura competitiva más estable.

En el presente, uno de los problemas más recurrentes en la selección Colombia es la falta de eficacia en la definición. Aunque el equipo cuenta con extremos determinantes como Luis Díaz, su producción ofensiva no ha logrado sostenerse desde la posición de delantero centro. Tras el declive de Radamel Falcao como referente, Colombia no ha consolidado un “nueve” titular en el tiempo.

Durante el ciclo reciente, el cuerpo técnico ha alternado opciones en esa posición sin lograr estabilidad. En la última Copa América, Néstor Lorenzo utilizó variantes como Rafael Santos Borré, Jhon Córdoba y Jhon Jáder Durán, sin que ninguno se estableciera como titular indiscutido. Los registros ofensivos reflejan esa irregularidad: en ese torneo, Colombia distribuyó sus goles entre varias posiciones, con mayor protagonismo de jugadores de segunda línea y extremos, más que de un delantero centro fijo.

Esa ausencia de referencia ofensiva tiene un impacto directo en el funcionamiento del equipo. Gran parte del peso en ataque recae sobre Luis Díaz, quien concentra las acciones de desequilibrio y finalización. Este patrón facilita los ajustes defensivos de los rivales, que suelen orientar sus marcas hacia el extremo, reduciendo los espacios y limitando las alternativas ofensivas de Colombia en los últimos metros.

Uno de los problemas que se conecta con las deficiencias en la plantilla es la falta de una suplencia capaz de sostener el nivel del once titular. En torneos recientes, la profundidad del plantel ha sido determinante: el informe técnico oficial de la Euro 2024 señala que los suplentes participaron de forma directa en la definición de varios partidos y aportaron la mayoría de los goles anotados en el tiempo añadido.

En ese contexto, la selección Colombia presenta una falta de variantes que se acerquen al nivel de sus titulares. Esto obliga a cargar más minutos sobre figuras como Luis Díaz o Dávinson Sánchez y reduce el margen del cuerpo técnico para rotar, ajustar partidos o administrar esfuerzos en fases avanzadas del certamen.

Y si el análisis se extiende a las fases decisivas, aparece una idea que se ha repetido alrededor de la selección y que ya forma parte del imaginario colectivo, aunque carece de una base sólida: la llamada teoría del jugador colombiano. El término ha ganado mucha popularidad en redes sociales y se usa para explicar que el futbolista colombiano puede pasar de la genialidad al error en un mismo partido. Esa percepción se apoya en episodios concretos que son bastante recordados, como el fallo de René Higuita ante Camerún en Italia 1990, cuando una salida arriesgada terminó en el gol de Roger Milla y en la eliminación de Colombia en octavos de final, o la expulsión de Daniel Muñoz ante Uruguay en la semifinal de la Copa América 2024, que dejó al equipo con diez jugadores durante buena parte del encuentro y condicionó su clasificación.

Ese tipo de antecedentes ha alimentado la idea de que Colombia alterna momentos de alto nivel con errores puntuales en los tramos más exigentes de los torneos. En la práctica, esa inestabilidad pesa más cuando el margen de error se reduce y cada detalle termina definiendo una clasificación o un título.

Tomado de: El Pais

En ese contexto, la ausencia de títulos para la Tricolor no puede entenderse como el resultado de un único problema, sino como la consecuencia de años marcados por circunstancias adversas, irregularidad deportiva y vacíos dentro de la plantilla. Sin embargo, el panorama no es del todo desalentador. El próximo Mundial aparece como una oportunidad para que Colombia recupere confianza y credibilidad, especialmente ante rivales accesibles como República Democrática del Congo y Uzbekistán. Ahora, la responsabilidad recae sobre Néstor Lorenzo y su cuerpo técnico: aprovechar el tiempo de preparación para corregir errores, fortalecer la identidad del equipo y devolverle al país la ilusión de ver a una selección capaz de competir seriamente por la gloria mundial.mbia alterna momentos de alto nivel con errores puntuales en los tramos más exigentes de los torneos. En la práctica, esa inestabilidad pesa más cuando el margen de error se reduce y cada detalle termina definiendo una clasificación o un título.

Se puede observar que la ausencia de títulos para la Tricolor no puede entenderse como el resultado de un único problema, sino como la consecuencia de años marcados por circunstancias adversas, irregularidad deportiva y vacíos dentro de la plantilla. Sin embargo, el panorama no es del todo desalentador. El próximo Mundial aparece como una oportunidad para que Colombia recupere confianza y credibilidad, especialmente ante rivales accesibles como República Democrática del Congo y Uzbekistán. Ahora, la responsabilidad recae sobre Néstor Lorenzo y su cuerpo técnico: aprovechar el tiempo de preparación para corregir errores, fortalecer la identidad del equipo y devolverle al país la ilusión de ver a una selección capaz de competir seriamente por la gloria mundial.

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