Por: Gladys Vizcaino
Michael Emme tenía 17 años cuando se quitó la vida en septiembre de 1994 en Colorado, Estados Unidos. Sus padres y amigos lo recuerdan como un chico brillante, divertido y cariñoso con un gran talento para la mecánica. Tanto era su pasión por la mecánica que rescató un Ford Mustang de 1968, lo compró, lo reconstruyó y lo pintó de amarillo brillante.

“No se culpen, mamá y papá, los amo”, firmaba la nota que Mike dejó para sus padres antes de fallecer.
Su muerte sacudió a sus seres queridos, quienes, tras su fallecimiento, decidieron rendir homenaje y ayudar a otras personas mediante la entrega de tarjetas amarillas con la frase: “Por favor, no te suicides, busca ayuda”, junto con números de teléfono de auxilio. El amarillo fue el color característico de esta iniciativa debido a que, para Mike, su Mustang era su objeto más preciado, al cual dedicó su tiempo y lo acompañó hasta los últimos instantes de su vida. Esta iniciativa escaló; pronto se convirtió en un movimiento global conocido como Yellow Ribbon Project (Proyecto Cinta Amarilla) que sigue respondiendo a solicitudes de ayuda en todo el mundo y continúa con formaciones de
Esta iniciativa escaló; pronto se convirtió en un movimiento global conocido como Yellow Ribbon Project (Proyecto Cinta Amarilla) que sigue respondiendo a solicitudes de ayuda en todo el mundo y continúa con formaciones de preparación comunitaria y eventos de educación para la prevención del suicidio. Por eso hablamos de Septiembre Amarillo, el mes en el que se fomenta la discusión abierta sobre la salud mental y la importancia de pedir ayuda.
Desde 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha promovido cada 10 de septiembre el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Porque pedir ayuda y hablar de la prevención del suicidio salva vidas, aunque incomode, el silencio nunca ha sido prevención. Entonces, hablemos del suicidio y cómo prevenirlo.
EL SUICIDIO
El suicidio es una problemática de salud pública. Pero también es una problemática humana y social, por lo que resulta necesario romper el silencio y desmontar los mitos que la rodean. Como sociedad, debemos deconstruirnos y empezar a cuestionar los paradigmas que dictan ciertas afirmaciones y prejuicios que tenemos con respecto a la salud mental y el suicidio. Empecemos con datos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año más de 720.000 personas fallecen por suicidio en el mundo. Sin embargo, la prestigiosa revista científica The Lancet Public Health calcula que esta cifra se eleva a 746.000 muertes anuales, lo que significa una muerte por suicidio cada 43 segundos a nivel mundial. Para la población de 15 a 29 años, el suicidio representa su tercera causa de muerte.
En las últimas tres décadas, el panorama ha cambiado. De acuerdo con el estudio de Carga Global de Enfermedad publicado en The Lancet Public Health, mientras el promedio mundial desciende, en América Latina Central el índice de decesos se disparó en un 39% entre 1990 y 2021. Con una realidad para reflexionar: un incremento del 123% en los casos solo entre las mujeres mexicanas. En el contexto latinoamericano, la salud mental y la prevención del suicidio no pueden seguir en la oscuridad del silencio y la desinformación. Y menos perpetuándose en nuestras conversaciones y en afirmaciones como:
“El que se quiere matar no lo dice. Eso es querer llamar la atención.”
Esto es FALSO. Según la Revista Colombiana de Psiquiatría, a cada 10 personas que se suicidan, nueve de ellas manifestaron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida. Expresar la idea del suicidio es un grito desesperado y no debemos tomar a la ligera el dolor de otra persona.
“Hablar sobre el suicidio con una persona en riesgo la incita a hacerlo”
Nuevamente, FALSO. Según la Revista Colombiana de Psiquiatría está ampliamente demostrado que hablar abiertamente sobre el suicidio no implanta la idea en la mente de una persona vulnerable ni fomenta el suicidio. Al contrario, si se aborda el tema con respeto, empatía y escucha atenta, disminuye drásticamente el riesgo de consumación, puesto que reduce la tensión emocional y valida su sufrimiento.
“Quien intenta suicidarse es un cobarde o, por el contrario, un valiente”
Este enunciado, aparte de ser falso, es cruel y totalmente inapropiado. La Revista Colombiana de Psiquiatría dice que el suicidio no debe medirse en términos de cobardía o valentía. Las personas que intentan terminar con su vida sufren de manera extrema, y sus mecanismos adaptativos útiles frente al estrés han fracasado transitoriamente.
Estos mitos son sumamente peligrosos y es a través del lenguaje como también podemos contribuir a la maximización del estigma y el prejuicio de la salud mental y el suicidio. Utilicemos nuestras voces para apoyar y ayudar, no para forjar barreras, construir prejuicios y perpetuar la desinformación.
Si tú, que me estás leyendo, o alguien que conoces se encuentra en riesgo o necesita ayuda, es importante identificar las siguientes señales de advertencia, tanto verbales como conductuales:
- Las alertas verbales incluyen expresiones directas o indirectas de desesperanza. “No debería vivir”, “Soy un estorbo para mi familia”. Asimismo, manifestar explícitamente el deseo de querer morir o verbalizar un método planificado.
- Las alertas conductuales tales como el aislamiento y cambios drásticos, puntualmente la tendencia a aislarse de amigos, familiares y actividades cotidianas. Cambios atípicos en los patrones del sueño (insomnio severo) y la alimentación. Las conductas de cierre, tales como despedirse de los seres queridos de manera inusual o redactar cartas de despedida e intentar poner los asuntos en orden. También es importante mencionar el peligro de la calma repentina que se manifiesta como un estado de tranquilidad o mejoría abrupta después de una fase de profunda depresión o agitación.
Es importante reconocer que, como sociedad, perpetuamos estigmas y prejuicios que, lejos de ayudar, desinforman y hacen daño. Pero también es importante reconocer el papel de las autoridades nacionales, departamentales y regionales. El Estado tiene una responsabilidad con sus ciudadanos y es su deber garantizar la ayuda a las personas que atraviesan un riesgo de suicidio. No solo desde las intenciones y no solo un mes en el año, el llamado es a las administraciones a ejecutar con rigor políticas e iniciativas que traten al suicidio como una problemática que merece ser estudiada y abordada no solo desde el sector de la salud, sino también desde la educación, el bienestar social, el empleo y la atención oportuna.
Septiembre es solo un mes. Tiene 30 días, muchas horas y segundos. Probablemente nos olvidemos en algún momento de que es el mes de la prevención del suicidio, y vendrán otros meses y lo olvidaremos aún más. Pero lo que no podemos olvidar es que la prevención del suicidio es un tema de TODOS LOS DÍAS. Pedir ayuda y aceptarla es quizá el salvavidas más importante. Para ti que me lees, no estás solo ni sola.
Canales de ayuda en Colombia:
- Línea de Emergencia Nacional: 123. Si la vida de una persona se encuentra en riesgo inminente, este es el número de activación inmediata para urgencias vitales en salud mental.
- Línea Nacional de Salud Mental: 106. Disponible de forma gratuita en las principales ciudades del país. En Bogotá, esta línea cuenta además con atención 24/7 a través del WhatsApp 300 754 89 33.
- Línea Salvavidas (Fundación Sergio Urrego): +57 311 766 86 66. Una herramienta especializada para niños, niñas y jóvenes que enfrentan situaciones de crisis, acoso escolar (bullying) o discriminación por identidad de género. Brinda orientación psicológica telefónica y por WhatsApp.
- Línea de Atención para la Salud Mental: +57 (606) 735 99 50 (WhatsApp: +57 606 735 73 95). Operada por la organización Construyéndonos, ofrece atención en crisis y primeros auxilios emocionales las 24 horas del día.
- Aquí Estoy Chat (aquiestoy.chat): WhatsApp +54 9 11 5199 3599. Canal de voluntariado digital especializado en la escucha activa y soporte en momentos de soledad o crisis emocional.
- Línea de Protección ICBF: 141. Canal del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para la prevención, emergencia y orientación psicológica de menores de edad.
- Línea de la Vida (Barranquilla): 318 804 40 00. Disponible las 24 horas del día para el Atlántico.