Por: Emanuel Calderon
Este año el festival tiene como uno de sus ejes principales la retrospectiva, y en ese marco se presenta la proyección en 16 milímetros como resultado de un ejercicio audiovisual que dialoga con la tradición del cine experimental. El uso de este formato remite al material de origen y a una intención clara de revisitar obras que en su momento, también exploraron los límites del medio.
En el marco del FICCI, la proyección de cortometrajes de la casa productora independiente Ojoboca explora los límites del cine desde la investigación y la creación. Historias como “A Running Woman Parte 1,2,3” utilizan el lenguaje audiovisual como un medio para experimentar con las convenciones del lenguaje audiovisual y otras maneras de conectar la experiencia visual con el inconsciente del espectador.
Este filme se construye a partir de una película perdida mencionada por Scott MacDonald en su libro A Critical Cinema (1988). Y de vuelta en esa lógica retrospectiva, el ejercicio del colectivo Ojoboca consiste en hacer una nueva versión de una obra pasada y asumir su condición de pérdida. En A Running Woman (2022) esa idea se traduce en decisiones radicales: la película no está pensada para perdurar, sino para desaparecer. Realizada en 16 milímetros, la obra existe como una única copia, destinada a deteriorarse con el tiempo y eventualmente dejar de proyectarse. En ese gesto, el colectivo no solo revisita una película ausente, sino que reproduce su destino.
A partir de ahí, la propuesta se expande: así como los realizadores reconstruyen una obra que nunca vieron, también establecen las condiciones para que otros la rehagan en el futuro. Entre esas instrucciones hay una clave: quien intente recrearla deberá hacerlo sin haber visto el material original, enfrentándose, nuevamente, a la experiencia de trabajar sobre una obra perdida.

En ese proceso de reconstrucción los autores descubieron otra de las aristas que atraviesan la obra. De la película original, A Running Man (1963), se conoce apenas una premisa: un hombre que atraviesa distintos paisajes corriendo. La identidad del personaje no es lo central; lo que importa es el movimiento en sí mismo.
Si el movimiento era lo central, la pregunta se desplazó hacia sus límites: ¿qué ocurre en el espacio que se pierde entre fotograma y fotograma? Aunque el cine establece que 24 imágenes por segundo construyen la ilusión de movimiento, el colectivo se interesa por aquello que no vemos, por ese intervalo invisible donde también se produce sentido.
Para Juan David González Monroy, miembro de Ojoboca, esa inquietud no es nueva. “El cine siempre ha intentado capturar el movimiento en su máxima expresión. Desde 1872, con los experimentos fotográficos del caballo en carrera, la preocupación ha sido la misma”, explica. “Ya no se trata solo de recrear una obra perdida, sino de preguntarnos cómo minimizar lo que se pierde entre cada fotograma”.
Esa búsqueda explica por qué A Running Woman se estructura en tres partes. Cada una responde a una etapa dentro de su lógica de investigacióncreación. Las dos primeras se enfocan en la reconstrucción de la obra perdida y en la validación del movimiento como eje central. La tercera, en cambio, introduce una ruptura: propone un nuevo camino y deja abierta la posibilidad de que otros continúen el experimento.
En esta última versión, el colectivo decide registrar la acción a 500 fotogramas por segundo, capturando tanto a la mujer que corre como a dos niños. La intención es claramente captar cuanto sea posible del movimiento Sin embargo, ese intento también revela un obstaculo. La tecnología disponible permite acercarse, pero no eliminar por completo esa pérdida. La obra queda entonces abierta hacia el futuro: a la espera de herramientas más accesibles y precisas que permitan registrar el movimiento con mayor fidelidad.
Este evento refuerza la importancia de darle visibilidad a iniciativas que exploran el cine más allá de un medio de entretenimiento, llevándolo hacia otras formas de reflexión. Esto permite abordar perspectivas que no siempre se contemplan, como cuestionar el estándar de los 24 fotogramas por segundo, que aunque efectivo, no deja de ser una ilusión del movimiento.