Por: Laura Moncayo
Hace 72 años, en Colombia, las mujeres no eran ciudadanas. Ese privilegio era exclusivo de los hombres. Tenían deberes, pero no derechos, trabajaban, criaban y sostenían el hogar, pero para el Estado eran invisibles.
Para combatir esto, muchas mujeres se unieron, creando el movimiento sufragista en Colombia. A principios del siglo XX, habían figuras como Georgina Fletcher y Ofelia Uribe de Acosta. Ellas hablaban de educación y autonomía de la mujer, con frases como compañera y no sierva o mujer, salve usted la patria. Sembrando las bases para nuestros derechos civiles.
Georgina Fletcher fue una escritora, artista, educadora y pionera del feminismo colombiano. En 1924, fue nombrada representante oficial en Colombia de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas impulsando el feminismo a nivel global. En 1930, lideró junto a Ofelia Uribe de Acosta, la presentación ante el Congreso de un proyecto de ley sobre capitulaciones matrimoniales. Esto dio frutos con la Ley 28 de 1932, la cual permitió por primera vez en la historia de Colombia que las mujeres casadas pudieran heredar, administrar y disponer de sus propios bienes. Logró de Bogotá fuera la sede del IV Congreso Internacional Femenino de 1930, que reunió a mujeres para debatir sobre educación, salud pública, trabajo y derechos civiles. Fue directora fundadora de la revista Hogar y Patria. Dedicó su vida a defender el derecho de las mujeres al trabajo digno y el acceso pleno a la educación secundaria y universitaria.
Ofelia Uribe de Acosta fue una periodista, maestra y líder sufragista colombiana. En el IV Congreso Internacional Femenino (1930), presentó una ponencia clave sobre la independencia financiera de las mujeres casadas. Esta presión ayudó a consolidar la Ley 28 de 1932. Luchó para que las mujeres colombianas tuvieran permitido ingresar a los colegios secundarios y a las universidades públicas, un logro alcanzado mediante decreto en 1933. Fundó y dirigió el programa radial La Hora Feminista (1938) en Tunja y la revista Agitación Femenina (1944), el primer medio de divulgación masiva del movimiento en el país. Habló repetidamente del derecho al voto y movilizó a miles de mujeres que llevó a su aprobación en 1954. En 1963 publicó su libro Una voz insurgente, donde testificó sobre la realidad de la mujer en Colombia. Más tarde, en su honor, la Universidad Nacional de Colombia creó el Fondo de Documentación Mujer y Género “Ofelia Uribe de Acosta”.

Ellas, junto a muchas otras mujeres fueron pioneras del movimiento sufragista en Colombia. Esta lucha llegó al poder con ayuda de Esmeralda Arboleda Cadavid y Josefina Valencia Muñoz. Defendieron y materializaron el derecho al voto en la Asamblea Nacional Constituyente mediante el Acto Legislativo No. 3 durante el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.
Esmeralda Arboleda Cadavid fue una abogada, política y diplomática, primera mujer egresada de la facultad de Derecho de la Universidad del Cauca y primera mujer en ser elegida Senadora de la República. Lideró el movimiento sufragista, junto a Josefina Valencia, fundaron la Organización Femenina Nacional para recolectar firmas y presionar a la Asamblea Nacional Constituyente, logrando más de 3.000 firmas. Bajo el Frente Nacional, Esmeralda fue electa como la primera senadora del país, promovió leyes para eliminar la discriminación jurídica contra las mujeres y mejorar la igualdad de oportunidades. Ejerció como Ministra de Comunicaciones, fue embajadora de Colombia ante Austria y las Naciones Unidas (ONU), y sirvió como relatora especial de la ONU sobre el estatus de la mujer.

Josefina Valencia Muñoz fue una política y activista, primera mujer gobernadora y ministra de Colombia. Junto a Esmeralda, trabajó incansablemente hacia la liberación de la mujer, empezando por el voto femenino en 1954. En Septiembre de 1955 el gobierno la designó como Gobernadora del Cauca. Durante su mandato rompió barreras de género en el poder ejecutivo regional y priorizó la construcción de acueductos, escuelas rurales y vías. En 1956, asumió el cargo de Ministra de Educación Nacional, convirtiéndose en la primera mujer con un puesto en el gabinete presidencial colombiano. Enfocó sus esfuerzos en la protección de la infancia desprotegida y el impulso técnico de la educación y dio origen a la creación del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). Tras la caída de la dictadura, la Junta Militar la nombró Embajadora de Colombia ante la Unesco en París en 1957. Posteriormente siguió activa en la vida pública y legislativa como Senadora de la República.

La Constituyente debatió y aprobó el acto legislativo que reconocía el derecho al voto para las mujeres. En este proceso, las mujeres tuvieron que demostrar algo tan absurdo como que también producían neuronas, incluso se debatió si debían demostrar su “capacidad” mediante un examen de conocimiento general para poder votar, como si no estuviéramos lo suficientemente preparadas, cosa que nunca se les exigió a los hombres. También propusieron que solamente tuvieran derecho las mujeres casadas. Pero ninguna de estas condiciones prosperó: el derecho al voto terminó reconociéndose sin restricciones, como lo que siempre debió ser, un derecho fundamental.
El 25 de agosto de 1954, las mujeres colombianas fueron reconocidas como ciudadanas. Tres años después, el 1 de Diciembre de 1957, 1.835.255 mujeres acudieron a las urnas para ejercer su derecho al voto, superando en varias regiones a la votación masculina.
El voto debe ser un acto autónomo y libre, por eso es importante que las mujeres participen de manera consciente, respaldando propuestas que reconozcan su ciudadanía plena y legitima. Elegir con criterio protege avances sociales que han costado décadas de lucha, evitando retrocesos y asegurando un futuro justo para las mujeres.
Mujer, salve usted la patria.
