Por: Laura Moncayo
Hay una mujer en el mundo, que raspa al borde de la carretera buscando perlas. Hay una mujer en el mundo, que no puede ser vista en público. Hay una mujer en el mundo que da a luz y cría a hijos que no son suyos. Así es como está muriendo, muriendo para sobrevivir. Hay una mujer en el mundo viviendo una vida que no eligió.

“No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Esos derechos nunca se dan por adquiridos. Deben permanecer vigilantes durante toda la vida.” – Simone de Beauvoir
Tener derechos hoy, no garantiza que mañana permanezcan. El privilegio es lo primero que perdemos las mujeres. Todavía cargamos más pasado que futuro en un mundo que, una y otra vez, intenta recordarnos cuál es “nuestro lugar”.
Si eres mujer, tus derechos nunca están garantizados: hoy están, mañana no. Ejemplos como: Afganistán, Irán, Estados Unidos, Somalia, Sudán, Yemen, Polonia, Nicaragua, Turquía, El Salvador, Rusia, Irak, Myanmar, Hungría, Brasil, Argentina, Palestina y la lista lamentablemente sigue.

Afganistán: Tras la toma del poder por los talibanes, se establecieron restricciones totales para las mujeres. Se reimpuso un sistema basado en una interpretación extrema de la Sharia, se prohibió asistir al colegio y universidad, la movilidad sin un mahram, practicar deporte, subir a un bus con hombres en el, elegir con quien se casan, ser vistas en público, protestar por sus derechos, ir al salón de belleza, visitar a su familia sin el permiso de su esposo, testificar sola en un juicio, trabajar en ayuda humanitaria, relacionarse socialmente, las expulsaron del mercado laboral, se impuso el burka como única vestimenta, invalidaron la Ley sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En poco tiempo los derechos que habían construido se borraron por completo.

Irán: Desde la Revolución Islámica, las mujeres perdieron su libertad de expresión, se les impuso el velo en espacios públicos, se redujeron sus derechos en el matrimonio y el divorcio, se limitó su capacidad para tomar decisiones en cargos públicos y hasta sobre sus hijos, control estatal sobre la movilidad y comportamiento de la mujer en sociedad. Activistas como la Premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi siguen denunciando la violencia sistemática, sin embargo, está cumpliendo una condena de 40 años por su activismo en favor de los derechos humanos y de las mujeres.

Estados Unidos: En2022 la Corte Suprema quitó el fallo de Roe v. Wade, que durante casi 50 años protegía del derecho al aborto en todo el país. Desde ese momento, cada estado empezó a decidir por su cuenta, y muchos lo prohibieron o lo limitaron. Eso hizo que muchas mujeres ya no puedan acceder fácilmente a un aborto, tengan que viajar a otros estados o simplemente no puedan hacerlo, dependiendo en el estado residan. Hoy está prácticamente prohibido en 14 estados: Alabama, Arkansas, Idaho, Indiana, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Missouri, Oklahoma, Dakota del Sur, Tennessee, Texas, Virginia Occidental y Dakota del Norte. Mientras que en otros 7 estados es legal con restricciones. Con 6 semanas desde el primer día de la última regla: Florida, Georgia, Carolina del Sur. Con 12 semanas y 6 días de gestación: Carolina del Norte y Nebraska. A las 18 semanas de gestación: Utah. Y con 26 semanas de gestación: Arizona. También, El Pentágono eliminó miles de fotos, artículos y páginas web dedicadas a la historia y las contribuciones de las mujeres militares. Esto se hizo debido a las órdenes administrativas del presidente, como parte de una “purga masiva” de contenidos con las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI). Argumentaron que resaltar las diferencias de género o raza “afectaba la unidad militar”. Se estima que la purga abarcó más de 24.000 archivos, reemplazando el contenido por mensajes de “error” o “página no encontrada”. Sin dejar de lado las prácticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que han tenido un fuerte impacto en las mujeres inmigrantes, incluso embarazadas han sido detenidas en condiciones precarias, con acceso limitado a atención médica y alimentación, lo que en algunos casos causa abortos espontáneos.

Somalia: Con la guerra civil somalí se perdieron derechos, en parte por la expansión del grupo armado Al-Shabaab. La vida de las mujeres ha estado marcada por restricciones y normas como matrimonios forzados (aproximadamente 45% de las mujeres se casan antes de los 18 y 8% antes de los 15), limitaciones en la educación (48% de las niñas nunca han pisado una escuela, solo el 25.8% saben leer y escribir, incluso prohibieron las aulas mixtas), códigos de vestimenta (uso obligatorio del Niqab). Es el país con más Mutilación Genital Femenina más alta del mundo con un 99.2% de mujeres afectadas. Se clasifican en dos variantes; la infibulación es la forma más extrema, que implica la extirpación total del clítoris y los labios vaginales para luego coser y sellar la vulva casi por completo, dejando un pequeño orificio para la orina y la menstruación y el método sunna, consiste en un corte/extirpación parcial del capuchón clitorídeo. Estas prácticas provocan dolores inhumanos, hemorragias, infecciones y hasta la muerte. Todo esto para garantizar el placer del hombre y la virginidad de la mujer antes del matrimonio.

Sudán: A partir de 1991, el régimen de Omar al-Bashir impuso la Ley Islámica, que transformó la vida de las mujeres radicalmente. Arrestaban, multaban y azotaban en público a mujeres bajo las acusaciones de “indecencia”. Se institucionalizó legalmente mediante El Artículo 152 del Código Penal de 1991, que penalizaba “un acto indecente, o un acto contrario a la moral pública, o vistiera una indumentaria indecente”, por esto, el uso de pantalones, faldas por encima del tobillo o no llevar el cabello completamente cubierto eran sinónimo de indecencia, esta ley otorgaba total potestad a las autoridades para definir que era “indecente”. La pena por infringir esa norma era de 40 latigazos públicos. en 2019, hubo un momento de esperanza para las mujeres: el nuevo gobierno de transición eliminó leyes represivas como la de “orden público”, quitó castigos por vestimenta y prometió más igualdad. Sin embargo, ese avance duró poco. En 2021 hubo otro golpe militar y luego el país volvió a caer en conflicto armado, lo que frenó muchas reformas. Desde entonces, las mujeres han quedado otra vez en la misma situación vulnerable: aumento de la violencia, menos protección del Estado y dificultades para ejercer esos derechos que en teoría ya se habían recuperado.

Yemen: Las mujeres obtuvieron el derecho al voto en 1967, llegaron a ser juezas y diputadas, años después, en la Conferencia de Diálogo Nacional de Yemen, se acordó una cuota del 30% de participación femenina que permitió incluso el nombramiento de cuatro ministras. En 2014 con la guerra civil y el colapso del Estado, las mujeres fueron excluidas de la política, hasta el punto de que el gobierno formado a finales de 2020 no incluyó a una sola mujer, borrando su voz de las decisiones y de las negociaciones de paz.

Polonia: En 2020, el Tribunal Constitucional de Polonia emitió una sentencia que declaró inconstitucional el aborto por malformaciones del feto, que era una de las principales causales legales en el país. El acceso al aborto reducido a casos de violación o riesgo para la vida de la madre. Esta decisión fue impulsada por un grupo de 118 diputados, en su mayoría, pertenecientes al partido nacionalista de ultraderecha Ley y Justicia (PiS). En muchos contextos, la autonomía sobre el propio cuerpo de la mujer solo sea reconocida cuando ha ocurrido una violación. ¿Deben las mujeres ser violentadas sexualmente para decidir legítimamente sobre su autonomía? Esto no debería depender de circunstancias traumáticas y como respuesta a la violencia para ser validada.

Nicaragua: Antes el aborto terapéutico era legal, el procedimiento requería el dictamen de una comisión médica aprobada por el Ministerio de Salud y el aval de tres médicos y el consentimiento del cónyuge o un pariente cercano. Desde 2006, el aborto está totalmente prohibido, pero en los últimos años se agravó con la represión hacia organizaciones feministas y de derechos humanos, fueron cerradas o ilegalizadas y 347 activistas perseguidas o forzadas al exilio.

Turquía: En 2021, el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan decidió retirar al país del Convenio de Estambul, un acuerdo internacional que obligaba a los Estados a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Justificando la salida afirmando que el tratado había sido “secuestrado por un grupo de personas que intentaban normalizar la homosexualidad”, ya que según, el concepto de “identidad de género” presente en el texto atentaba contra los “valores familiares tradicionales”.

El Salvador: El aborto era legal bajo 3 causales: si pone en riesgo la salud de la madre, violación o incesto y malformaciones fetales. En 1998 se prohibió totalmente el aborto y penalizado con cárcel en todas las circunstancias, sin excepciones legales de ningún tipo. En el gobierno de Nayib Bukele, el entorno para las mujeres que sufren emergencias obstétricas y para quienes las defienden se ha vuelto completamente restrictivo, tanto que en 2026 la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto (que logró la liberación de 81 mujeres encarceladas injustamente) se vio obligada a cerrar en el país, denunciando la persecución por parte del Estado.

Rusia: En 2017, la Duma Estatal aprobó una reforma que despenalizó parcialmente la violencia doméstica en ciertos casos: si la agresión no causa lesiones graves y es la primera vez que ocurre, deja de ser un delito penal y pasa a considerarse una falta administrativa. Esto redujo la protección legal para muchas mujeres, las sanciones se volvieron multas. Los impulsadores del proyecto de ley argumentaron que la reforma buscaba proteger “los valores familiares tradicionales” y evitar una intervención excesiva del Estado en la vida del hogar. Esto obligaba a muchas mujeres a seguir conviviendo bajo en mismo techo que sus agresores.

Irak: El retroceso comenzó tras la invasión de 2003, esto significó menos participación en la vida pública y privada. En 2025 se adoptó el Código Jaafari, el cual implementó no estipular edad mínima para casarse, eliminación de penas para clérigos que realicen matrimonios infantiles, pérdida de pensión alimenticia, pérdida de la vivienda, restricciones en la custodia de los hijos. Esto ha hecho que aumentara la violencia de género en el último año.

Myanmar: Tras el golpe de Estado de 2021, utilizaron la violencia sexual como arma, el Tatmadaw lo usa como estrategia contra las comunidades opositoras. Regreso al patriarcado institucional que excluye por completo a las mujeres de la toma de decisiones políticas del país. Perdieron acceso básico al parto seguro, métodos anticonceptivos y productos de higiene menstrual. Alrededor de 10 millones de mujeres en el país necesitan asistencia humanitaria tras el cierre de industrias como la textil (que predomina la mano de obra femenina) y el desplazamiento forzado han empujado al comercio sexual y redes de trata de personas para su supervivencia.

Hungría: Desde 2010 con el mandato de Viktor Orbán, los derechos han retrocedido por un gobierno ultraconservador. La implementación de la “Ley del Latido del Corazón”, que obliga a las mujeres a escuchar los signos vitales del feto antes de acceder al procedimiento, esto es un mecanismo de culpa y deshumanización de la mujer. Rechazó el Convenio de Estambul, diseñado para combatir la violencia machista con el argumento de que promovía la “ideología de género”. Se eliminaron por completo los programas universitarios, títulos de maestría y doctorado en estudios de género y para evitar que las parejas de mujeres utilizaran la adopción individual, tiene que tener una aprobación del Ministerio de Asuntos Familiares.

Brasil: Atraviesa una fuerte crisis histórica de violencia contra las mujeres, en 2025 se registraron 1.568 feminicidios (alrededor de 4 mujeres asesinadas al día), suspendió la norma que garantizaba el acceso legal y seguro para niñas y adolescentes menores de 14 años víctimas de violación. Las mujeres ganan cerca del 77% del salario de los hombres por realizar el mismo trabajo, esto perpetua una dependencia económica e impide a las mujeres salir de círculos de violencia intrafamiliar por no tener un buen sustento propio.

Argentina: Bajo el argumento de combatir el “adoctrinamiento ideológico”, el gobierno de Javier Milei eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, sus funciones fueron reducidas a una Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género, la cual fue disuelta en 2024. La línea 144 para la atención para mujeres en situación de violencia sufrió despidos masivos de sus operadoras, lo que limitó la velocidad de respuestas ante emergencias. En discursos presidenciales, el mandatario ha calificado a los movimientos feministas como “enemigos” y ha negado la existencia de la brecha salarial y de la violencia de género como un problema estructural.

Palestina: En Gaza las operaciones terroristas israelíes han provocado la muerte de más de 38.000 mujeres y niñas, representando más de la mitad de las víctimas fatales totales del conflicto. Debido a los bombardeos, unas 540.000 mujeres carecen de acceso a atención médica materna básica. Las mujeres embarazadas corren hoy tres veces más riesgo de muerte que antes. Los riesgos de violencia sexual y de género dentro de los refugios se han disparado alarmantemente en los últimos años, las mujeres palestinas enfrentan violaciones, abusos físicos, insultos y detenciones por parte de hombres israelíes.

Aunque en Colombia existen intentos de limitar los derechos de las mujeres, la lucha sigue vigente. Esto se refleja en iniciativas de partidos políticos que buscan restringir los derechos sexuales, en la baja representación femenina en los espacios de poder y de proyectos clave que no logran avanzar.
Y aun así, en medio de todo, seguimos. Porque incluso cuando intentan borrarnos de las leyes, de las calles, de las decisiones y de la historia, seguimos existiendo y resistiendo. Cada derecho ha sido una lucha, y cada retroceso nos recuerda lo frágil que puede ser nuestra libertad. No es solo lo que ya nos han quitado, es la constante amenaza de lo que pueden volver a quitarnos.
Por eso, hablar de derechos de las mujeres no es hablar del pasado, es hablar del presente y de un futuro inminente. No se trata de casos aislados: se trata de una realidad global que nos atraviesa a todas. Mientras la libertad no haya llegado a cada rincón y todas estén liberadas, ninguna lo está.