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Por: Shantal Amortegui y Nicole Monroy/Foto: Oficina de Comunicaciones Universidad del Norte

En los últimos años, la inteligencia artificial ha empezado a ganar espacio dentro de las universidades, generando opiniones divididas entre los docentes. Algunos consideran que puede afectar el aprendizaje, mientras que otros la ven como una herramienta que, bien utilizada, puede fortalecer habilidades como el pensamiento crítico.

En medio de este proceso de transformación digital, varios profesores han comenzado a cuestionarse cuál debería ser el verdadero papel de la IA en la educación. Por ejemplo, el docente de la Universidad del Norte, Javier Redondo, afirma que esta tecnología tiene “una doble cara muy clara”, ya que puede perjudicar la formación académica si se usa mal, pero también puede aportar mucho si se utiliza con criterio.

Desde su perspectiva, el problema no es la herramienta en sí, sino la forma en que los estudiantes la usan. Si recurren a la inteligencia artificial (IA) para evitar pensar o resolver todo automáticamente, su proceso de aprendizaje se debilita. Esto, según explica, termina afectando habilidades clave como el análisis, la comprensión y la capacidad de aplicar lo aprendido.

Por su parte, jefe del Centro para la Excelencia Docente, Eulises Domínguez, señala que la Universidad del Norte ya está trabajando en la integración de la inteligencia artificial en la formación de profesores. Este proceso incluye diferentes etapas, desde un nivel exploratorio, donde los docentes pueden diseñar recursos apoyados en IA. Además, se ha creado un grupo de mentores con experiencia en estas herramientas, que apoyan a otros profesores dentro de sus facultades.

También se destaca el trabajo de la Dirección de Tecnología, que desarrolló ‘Lucía’, una plataforma de inteligencia artificial pensada tanto para estudiantes como para docentes. Esta herramienta permite crear asistentes personalizados, lo que abre nuevas formas de enseñar y aprender.

En ese sentido, más que representar una amenaza, la inteligencia artificial plantea una transformación en la educación superior. Sin embargo, este cambio implica que tanto docentes como estudiantes asuman un rol más activo y responsable en el uso de la tecnología.