Por: Elias Contreras
Colombia es un país de estrellas; estrellas que, además de brillar, también cantan, luchan, bailan y demuestran ante el mundo de qué están hechos los colombianos. Delia Zapata Olivella fue una bailarina, folclorista, docente e investigadora originaria del municipio de Santa Cruz de Lorica, en el departamento de Córdoba, donde creció y desarrolló su amor por el baile, su gente y la pasión por enseñar.
Delia era la menor de una familia de dos hermanos. Su hermano mayor, Manuel Zapata, formó e inspiró en ella ese amor por el folclor. Asimismo, sembró un deseo de luchar por la dignificación y el reconocimiento de las comunidades afrodescendientes en conjunto con la lucha racial.
La historia de Delia inicia en el barrio Getsemaní de la ciudad de Cartagena, lugar al que llegó con tan solo un año de nacida, pero que la recibió y la adoptó para la posteridad. En este lugar, “la niña Delia”, como le decían de cariño sus familiares, empezó a enamorarse de las artes de la mano de su padre, “el viejo Zapata”, quien organizaba obras de teatro informales de las cuales Delia hacía parte.
Delia creció y decidió romper el molde al no estudiar una carrera relacionada con la salud, como era costumbre en su familia. Aunque siempre expresó que su primera opción fue la medicina, logró ser bailarina casi por azar; su hermano la convenció de que su arte también podía curar a las personas, pero no con medicinas, sino sobre una tarima al ritmo del tambor.
Y así fue, Delia estudió Artes Plásticas en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Realizó investigaciones etnográficas para profundizar aún más en las culturas que quería representar. Fue cofundadora de la carrera de Danzas y Teatro en la Universidad Antonio Nariño y docente en la Universidad Nacional y la Universidad Central.
En 1953, se convirtió en la primera mujer afrodescendiente en presentarse en el Teatro Colón de la ciudad de Bogotá, acabando con los estigmas presentes sobre las comunidades negras del país. Tanta fue su fama que, a partir de 1957, emprendería giras por todo el mundo de sus bailarines, recorriendo países como España, Checoslovaquia, Alemania, Francia, Unión Soviética, Estados Unidos y naciones de Centroamérica. Este proceso dio origen a la Fundación Instituto Folclórico Delia Zapata Olivella en Bogotá. Fue la encargada de la muestra artística otorgada al papa Juan Pablo II en su visita a Colombia en 1984. Además, recibió una beca de Intercambio Cultural Internacional que la llevó a dictar un curso en el Departamento de Música de la Organización de los Estados Americanos en Washington y a dedicarse al estudio de danzas negras con Katherine Dunham.
El 2026 marca la conmemoración de los 100 años del nacimiento de una de las estrellas más grandes del folclor colombiano. Ella es la precursora que labró el camino para las nuevas generaciones de maestros, bailarines y formadores del arte en nuestro país.
Delia dedicó sus años a salvar vidas mediante la cultura. Al ritmo de gaitas y tambores, y con un corazón inmenso que le permitía enseñar con absoluta entrega, transformó el tejido social de Colombia, dejando un legado que hoy sigue latiendo en cada paso de nuestra identidad.